
Cuando éramos chicos, en la década del ´60, lucía todo muy distinto, entre los 5 y los 15 años más o menos de existencia de uno. Los acontecimientos se sucedían más pausadamente, la vida sin dudas era más tranquila, sana, pausada, el futuro estaba muy lejos y lo íbamos a alcanzar, pero quien sabía cuando.¡ ¡ La escuela: que problema; la parte más linda y entretenida: los recreos. Que partidos de pelota de trapo, y cuando había barro eso era un desastre. Para las maestras era una tortura; así y todo no recuerdo ninguna sacada mal por el comportamiento de los alumnos. Los baños, que sucios, con un agujero, para hacer de cuerpo imposible. Una carrera de 4 minutos hasta mi baño en mi casa. La Bandera era de todos, nos turnábamos para subirla o bajarla. Que lindo; no había chicos 10. Que diferencia tremenda. Las facturas panaderas del 25 de mayo o el 9 de julio. La chacarera y el gato arriba del escenario con botas de goma. Vida tranquila y de pueblo encima. Todos conocidos; pero cómo hubiese sido haber seguido viviendo en el mismo lugar?, con los amigos de siempre, conocidos, parientes, y no arrancarse del pueblo natal para ir a una ciudad enorme. Cosas que pasan, y nunca sabré como se sentiría la otra experiencia.
Los partidos de fútbol del equipo local, con los contrarios de otro pueblo cercano, los árbitros bomberos cuando perdíamos y pasaban frente a la nuestra casa rumbo a su origen. Lo más lindo: el equipo "los amigos", dirigidos por Cacho, mi viejo, que trataba que hubiera coherencia en nuestro juego y en el deporte, que gritaba no la rifen desde la raya de cal, y nos cambiaba por otro cuando nos empacábamos en el juego. (¡¡YO!!) La vieja, haciendo los pantalones cortos para todos, el número de jugador prendido con broches en cada camiseta, y las medias y demás pilchas siempre listas para el próximo enfrentamiento. Club Atlético Los Amigos. Que lindo. ¡¡¡Deporte.!!!
Y otro amor, la paleta, en la cancha del Club, frontón bueno, pared izquierda larga y dale que te dale al aire, al sobrepique, izquierda derecha y revés. Y a buscar la pelota cuando se pasaba por un agujero en el alambre de arriba. Otro problema a resolver, encontrar la pelota negra entre el pasto y esquivando las encaradas del perro de Deanna que era una fiera. ¡como no iba a serlo si después lo torturábamos! El costo de poder garronear un rato en el frontón era barrer la cancha, que a veces se compensaba también con una crush. Marca de otro deporte hermoso, que ayudó a crecer. Los sábados una fiesta, prendidos del alambre romboidal, mirando a los grandes jugando partidos de aquellos, por plata, por la bebida. A veces el honor del pueblo en juego por la visita de algunos forasteros, pelotaris muy buenos. Que había que manearlos, como sea, o con zurda, o los saques, o 5 tantos de ventaja. Igual, casi siempre ganaban los otros. Que lindo. Y la esperanza de encontrar al otro día alguna pelota perdida, siempre eludiendo al perro.
Que fué del pueblo mío de ese entonces, quedó en la historia, y de los primos y tíos, del ovejita rodriguez, del papa, el gerundio jonte, de la mary, las mellizas y la bibiana pintos, del cali, del titón, del nito y el chilo, del director barrosa que no me dejó pasar a 6º porque empecé de oyente, (problemas con Cacho) y me tube que cambiar a la otra escuela. De la ada, y mi última maestra, la yoli lorenzo. Después de tantos años volver al pueblo, semana santa, lluvia con temporal tranquilo, por la vía combertida en calle, con amor a mi lado y en mi corazón. La tía rica, que linda, con lágrimas en los ojos, segunda mamá, ya sin el tío manuel. El cali, el titón, hijos e hijas, el nito como siempre, suspendido en el tiempo. Retificando las válvulas a mano, recuerdo. El viejo bartolo ya se fué y el perro que nos soportaba destrás del portón, tambien. Pobre batuque, que aguante. Los partidos en el maracaná, detrás de un galpón del ferrocarril. La cancha, el largo del galpón; después de comer ¡¡que siesta!! a jugar al ¿futbol?, desfile de jugadores, cada uno que llegaba, vos pateá para allá y vos para acá. Veinte de cada lado, ir y venir, la pared del galpón era para carambola y del otro lado saque lateral. Un desafío permanente, y a no caerse en uno de los rincones lleno de rosetas. Los chiflidos del enrique khun, carpintero que pasaba el sonido de su máquina combinada, como hacía? nunca lo supe, pero lo escuché y lo ví. Los motores de barco del tio arriarán, la usina del pueblo, una rueda enorme, un ruido más grande. Que maravilla. Bajar una palanquita y dominar esas tremendas máquinas para que dejen de hacer ruido y de dar luz.
2 comentarios:
Leer esto es un placer.A mi tambien me remonta a mi niñez, pero cuantas cosas que no las vivi, por no vivir en un pueblo o por distintas circunstancias.Que hermoso es poder recordar, con que poco se era feliz, y cuantos ayudaban para que lo fuéramos.Ese si es un pueblo particular, por todo lo que sucedio allí y tambien por los que se criaron en ese lugar y en ese momento. No perdamos nunca la memoria, ni de cuando volviste, con esa emoción de volver a verlo, pero ya con otros ojos: de vida vivida, de experiencias compartidas, etc. Ver y vivir esa experiencia , fue única e irrepetible. Ser partícipe de ello, fue un regalo de la Vida. Todavia tengo en mi retina la cara asombrada tuya y de la Negra, las palabras dichas, el compartir todo eso, fue único. Y te digo algo más , NO SON CONSIDERACIONES MENORES, si que son MAYORES !!Gracias por permitirme compartirlas.!!!!!!!Eso no se olvida jamás !!!!!!
No podías dejar de vivir esas experiencias y compartirlas. Sé que atrapaste todo con tu percepción y hoy me entero de como actué. Me alegro, fué todo auténtico. Y que no se olvida jamás, muy cierto. Cacho no quizo ir a ver el primo, después lo llevamos de prepo, recordás?. Los recuerdos de la niñez están con nosotros por siempre, es lindo poder ordenarlos un poco en la mente. gracias
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