domingo, 17 de febrero de 2008

Cacho, mi viejo






No se como empezar, es tan difícil. Pero siento no haber estado más juntos, habernos visto poco, en mis primeros 52 años. No sé porque tan esquivo, tan renuente a hablar más con los hijos. Sin embargo era divertido. Una colección de cuentos y bolazos. Y recuerdo sus consejos, una mirada, una opinión, una película, unos libros de vida, que aún hoy sigo leyendo. Y un ejemplo en algunas cosas. Recuerdo cuando chicos, los milicos revolviéndonos los libros, huérfanos por unos días, y escondido él, quien sabe donde. Nunca supe ese afán de no tirar para los propios, y a veces buscando ejemplo en otros que resultaron un fiasco y un mal negocio.
"No la rifen chicos" gritaba de la raya de cal cuando nos enseñaba futbol en el Club Atlético Los Amigos. Siempre haciendo proyectos para otros y quedándose afuera deliberadamente. Yo sé que hizo lo que pudo, lo que salió, no hay reproches. Pero porqué ese afan de no tener lo elemental para uno. "No la rifes Cacho", tendría que haberle dicho. Dolió mucho no haber tenido domicilio, teniéndolo casi todo, patinando de allá para aquí, con la vieja de comodín. Me hubiese gustado que me abrazara más seguido. Así hago con mis hijos, y les transmito proyectos, y alegría como puedo. Extraño llegar a la casa y no verlo con el mate, y ya repitiendo las mismas cosas. O el corte de pelo, esperando aunque sea el roce del peine o la tijera. Me duele pensar en insultos buscando al abuelo, que no sabía ni lo que hacía, ni donde iba seguido.
Mucho costó entender la enfermedad y distinguir los delirios.
Y un día el alivio llegó, en el campo donde podría haber estado siempre, la noticia de su partida, de labios de una flor. Y lo que habían decidido estuve de acuerdo, convertirlo en cenizas.
Cuantos años que no dormíamos juntos, lo tuve en mi pieza , en el placard, juro que no lo abrí durante un mes interminable. Y después el final, con la vieja y la flor lo llevamos a su Quinta, de su razón y delirio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mario, como hago para explicarte, para decirte en pocas palabras, lo que estoy sintiendo despues de leer esto. Tu historia es la mia, no por decirlo, es que, es la mia, la de mi vieja, la de mis tios, Creo que todos los que llevamos esta sangre, pasamos por situaciones parecidas, lo bueno está en empezar a reconocer "lo bueno" y tambien lo "no tan bueno". Mi abuelo fue "el hombre en mi vida", el camino a seguir, fue el tipo que me educó, y a veces me pregunto ¿como un tipo, con su inteligencia y su capacidad de laburo, vivió siempre en condiciones tan precarias?, y a veces me he sorprendido en la misma "dar mas pa fuera que pa dentro" concuerdo con vos en la educación de mis hijos. Acompañarlos a proyectarse, y darles cariño hasta el artazgo. Que sepan que uno está ahi para ellos. Ahora que leo lo que escribis me siento un poquito menos solo, aunque me temblaron las manos, y los ojos se me pusieron un poco mas humedos. Te mando un abrazo. Gracias.
Pablo Eraso (González)